Hay que decir que la forma en que comemos hoy en día viene directamente ligada a los primeros pobladores de este país, antes de la llegada de los colonizadores españoles ya había habitantes en Chile que han influenciado en la gastronomía, los agricultores (dedicados a la cosecha de maíz, papa, poroto y zapallo), los cazadores (que fueron los primeros en aprovechar la carne y la leche de guanacos y vicuñas) y pescadores (especializados en mariscos y pescados).

Posteriormente la gran mayoría de los pueblos originarios de Chile, como Picunches, Tehuelches, Diaguitas, Mapuches y Onas, desarrollaron sus propias maneras de alimentarse, lo que lentamente dio origen a particulares “modos de cocinar”.

Teniendo distintos modos de cocinar, dependiendo de la población, con la llegada de los españoles llegaron nuevos ingredientes como el trigo, los cerdos, las ovejas, los pollos y los vacunos, dieron origen a muchos de los platos típicos de Chile hoy día. El primer plato denominado "de residencia", podía ser carne, ave o pescado. Le seguía "el guiso abundante" hecho de preferencia con maíz y papas. Cuando los colonizadores implantaron la religión, las monjas formaron parte importante en la manera de preparar dulces y se convirtieron en referencia repostera del país, siendo que aún muchas de sus preparaciones siguen vivas hoy dándole vida al dicho “Hecho con Mano de Monja”.

En el mismo siglo, llegaron provenientes de México el ganso y el pavo; de Jamaica, los melones escritos y las sandías. Los mariscos y los pescados adquirieron nombres y apellidos: los erizos de Papudo, la langosta de Juan Fernández, el pejerrey de Aculeo y el tollo, entre otros ya el chocolate y el mate eran las bebidas más populares.

También el contacto con regiones aledañas como las de Perú, Argentina y Paraguay fueron influyentes en este país, del Perú a través de sus migrantes llegó el ceviche, de Argentina los alfajores y de Paraguay el ya nombrado mate, solo por nombrar algunos, teniendo en cuenta que en su llegada a Chile adoptarán una nueva forma de preparación e ingredientes, lo cual enriquecería nuestra cultura chilena.

Ubicándonos aun en la época de los colonizadores, la comida del pueblo era diferente a las que servían en las mesas aristocráticas. La primera estaba constituida de charqui, harina y porotos con pimiento seco y sal. En los días de fiesta, el menú variaba: carbonada, carne asada al palo, cazuela, chupe, empanadas, guatitas, mote, pescado frito y sopaipillas.

En cuanto a bebidas se refiere en esa misma época, llegaron al país el café y el té, que dejaron en segundo plano la costumbre de beber mate. Los españoles también introdujeron el vino y las primeras vides, pero años después los franceses se dieron cuenta que el clima en nuestro maravilloso país era perfecto para sus cosechas de vino tan especiales, y crearon a lo largo del territorio muchas vides de nombres y apellidos que hoy en día aún conocemos y que mundialmente son reconocidos como unos de los mejores vinos del mundo.

Cuando llegó la tan anhelada independencia de Chile las mesas de los pueblos se adornaban con las clásicas empanadas, chicha y vino.

Luego de nuestra independencia, países como Alemania e Italia a través de sus migrantes aportaron su granito de arena para la herencia culinaria de este bello país, en donde los alemanes aportaron nuevas ideas en la preparación de carnes y pan y los italianos introdujeron su famosa pasta.

Ya en el siglo XX, el contacto gastronómico más grande vino de los franceses, en donde además de ser influenciados, nuestra exquisita gastronomía también influencia en gran manera a la gastronomía francesa, llegando a la conclusión de que nuestra comida está a la par de grandes cocinas alrededor del mundo.

Últimamente con la globalización y el acceso a grandes franquicias de comida rápida, Chile ha sido directamente relacionada a las grandes cadenas de comida rápida teniendo, incluso, hasta la creación de sus propios platos y preparaciones para la industria, entre ellos uno de los más conocidos “el completo”.

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