A diferencia de otras referencias, que comienzan con la cocina luego de la colonización, nuestro punto de partida será la gastronomía indígena que cultivo en casi todas las regiones del país una diversidad impresionante de granos, frutas y hortalizas. Su alimentación según expertos se basaba en zapallo, porotos, papa y frutas como el mango y el durazno. La inteligencia comercial de alimentos no llegó con los conquistadores que a pesar de que revolucionaron la vida de los nativos, no se encontraron con un lienzo en blanco en el que cosechar sus tradiciones. Los mapuches y los changos por ejemplo hacían intercambios o trueques de comida entre las provisiones que sembraban en el centro, norte y sur del país para tener más variedad en la dieta.

La naturaleza era el campo comestible de los nativos de aquel país sin conquistar. Muchas plantas que hoy a están casi extintas eran el manjar para muchas etnias que hoy solo sobreviven en el linaje mezclado con el europeo que conquistó y edificó una versión de Chile para ellos mismos.

Aún podemos degustar la raíz de la cocina chilena

Al norte del país, se ubican los pobladores que comen en abundancia carnes de todo tipo, sin embargo, encontramos un espacio para las costumbres indígenas que aún se mantienen en las recetas de la comida chilena de hoy en día. Cultivos de papa, quínoa, zapallo y maíz son fuente de historia que hoy en día acompañan a la carne de llama y vacuno que consumen. La marisquería también es una proteína altamente consumida desde tiempos precolombinos, extendiéndose por toda la costa chilena durante todo este tiempo.

En la zona central, más recetas especializadas con papa y maíz, podemos ver en el menú. Preparaciones como la papa rellena y el pastel de choclo con dignos ejemplos de las tradiciones que aún se mantienen en la sociedad actual. El consumo de carne de pollo y vacuno también predomina en la actualidad.

Finalmente, la raíz más sólida de la gastronomía de los indígenas en Chile la encontramos en el sur del país, donde los mapuches fortalecieron más los cultivos al diseñar complejos sistemas de riego que sirvieron para cosechar porotos, maíz y papa. El curanto, plato típico de la región puede recopilar todos esos sabores en su complicada producción.

Los españoles de la mano de Pedro de Valdivia al llegar aquí impusieron su estilo de vida europeo, lamentablemente esta tradición orgánica protegida por diversas creencias indígenas fue opacada por las costumbres de los colonizadores. Trajeron a Chile más productos cárnicos y una variedad formas de cocinarlos, carne de cerdo, res y pollo comenzaron a predominar en los pueblos que se alzaban en la época de colonización.

También aparecen cereales como el trigo, el cual fue recibido por los nativos para unirse a los ritos de alimentación de los aborígenes andinos. La palta, conocida en otros países como Aguacate, tiene cierto protagonismo en las principales ciudades hoy en día como Santiago, Valparaíso y Antofagasta donde el cultivo de esta fruta de piel oscura, pero centro verde brillante es el acompañante en muchas ensaladas, guisos y comidas callejeras de la que muy pronto estaremos hablando.

A pesar de que el mundo nos inspira a probar más a través de cualquier ventana, nuestra invitación va para todos aquellos que quieran comer un poco de su historia, un poco de su tierra y conocer por el paladar a sus antepasados. La experiencia no es más que un viaje a lo más recóndito de nuestra descendencia precolombina en donde la fragancia de una comida orgánica nos hará incluso más saludables y nos acercará más a la naturaleza.