En la cocina chilena, el maíz es un ingrediente fundamental y el protagonista de muchas recetas, como, por ejemplo, la cazuela de ave, una sopa de arroz, maíz dulce, pollo, frijoles, calabaza y hierbas, y los porotos granados, un pastel de frijoles, maíz y calabaza picada con ajo y cebolla. Antiguamente, el maíz se frotaba a mano entre dos piedras para romper la capa del grano y crear una pasta cremosa.

En el Pabellón Chileno, puede probar el pastel de choclo, un plato que puede servirse como aperitivo o como plato principal, si se acompaña de una guarnición de verduras.

Se trata de un pastel de maíz de larga cocción relleno de carne, cebolla y huevos duros. Se trata de una empanada de maíz de larga cocción, rellena de carne, cebollas y huevos duros. Se sirve de forma muy limpia, porque los cocineros han querido respetar la antigua tradición de llevar el plato a la mesa en un sencillo recipiente de barro.

El pastel es de color amarillo brillante, con cortezas marrones en los bordes en contacto con las paredes del molde. El exterior crujiente permite que el preparado mantenga una agradable humedad en su interior, de modo que cuando lo pruebe, podrá disfrutar de un corazón suave y húmedo. La carne no es mucha, porque aquí el verdadero protagonista es el maíz.

Lo más divertido del plato viene dado por las diferentes texturas, que van desde el crujiente del exterior hasta la suavidad del interior, intercaladas con pequeñas "sacudidas" dadas por el recubrimiento del grano.

Para los que quieran atenuar la sensación de dulzor, se recomienda añadir una pizca de merkel, una receta ancestral a base de guindilla seca, cilantro, pimentón, sal y orégano, que da más carácter al plato gracias a su fuerte sabor ahumado.