En cualquier época del año es muy común deleitarse con una exquisitez de la dulcería típica chilena, la deliciosa leche nevada un postre helado que combina un cremoso budín de vainilla que se decora con unos ricos merengues cocidos en leche y vainilla que adquieren la apariencia de copos de nieve, de aquí la similitud con el nombre.
 
Este postre tiene sus orígenes en el famoso postre francés conocido como islas flotantes, que no es más que merengue flotando sobre una crema inglesa o flan de vainilla. La receta llegó a tierras chilenas en la época de la colonización española quienes trajeron sus conocimientos culinarios y que fueron formando parte de la identidad de los pueblos locales.
 
En Chile, la receta de leche nevada se ha transmitido de generación en generación y es muy común consumirla en días festivos aunque cualquier ocasión es buena para disfrutarla. Como este dulce es parte del legado de los españoles en América, podrá encontrar postres similares en Argentina, México o Colombia con algunas variantes; por ejemplo en Perú existe un postre muy parecido que se conoce como suspiro limeño con la particularidad que se elabora con leche condensada.
 
En Chile la receta original de las abuelas se elabora con un budín que se decora con merenguitos escalfados en leche y sobre los que se espolvorea canela molida. Asimismo se le pueden añadir otros ingredientes como leche condensada, mermeladas, almendras o nueces tostadas, sirope de caramelo y chocolate, todo depende del gusto de los comensales.
 
La leche nevada es parte de esas recetas que traen inolvidables recuerdos de la niñez, con su dulzura y cremosidad tan explosivas que enloquecen el paladar de cualquiera. Es muy común disfrutar de este rico postre en una merienda para compartir una tarde con amigos.