El archipiélago de Chiloé es un lugar paradisíaco ubicado al Sur de Chile, con una riqueza natural y cultural que lo convierten en un territorio mágico. Sus atractivos naturales, el clima y la gastronomía hacen de esta tierra un destino único.
 
La gastronomía chilota se caracteriza por ser una cocina fusión con influencias de las cocinas mapuche, europea, chilena y argentina. El clima templado de Chiloé es ideal para la cosecha de patatas, encontrándose cultivados más de 500 tipos, convirtiéndose en el ingrediente principal de muchos platos tradicionales como los deliciosos chapaleles, unas singulares albóndigas elaboradas con puré de patatas y harina.
 
El chapalele es una receta originaria de la isla de Chiloé, aunque actualmente puede disfrutarse en varias regiones del sur de Chile debido a la migración de la población de la Isla Grande hasta tierra firme. 
 
Existen dos tipos de chapaleles, los de sabor dulce o salado. Los dulces conocidos como humintas se preparan con una masa a base de harina de trigo y se cocinan hervidos; se sirven calientes endulzados con azúcar o miel. 
 
Los chapaleles salados se cocinan generalmente al vapor en un curanto y la masa suele contener puré de patatas, manteca de cerdo y chicharrones. Suelen ser el acompañante ideal de cualquier plato de guisos y carnes.
 
Tradicionalmente los chapaleles se cocinan en un curanto, un típico horno que se prepara en la tierra haciendo un hoyo y donde se enciende un fuego con leña. Consumido el fuego se colocan piedras para que se calienten y encima hojas de nalca o conchas marinas; luego se ubican los alimentos que deben taparse con hojas y piedras, y se dejan cocinar por un tiempo prudente. En caso de no contar con un curanto, pueden prepararse fritos, horneados o al vapor, facilitando así el proceso de cocción.