Nadie imaginaba que una tragedia podría traer aparejado la aparición de un novedoso nombre para un trago que solía beberse en las clásicas cantinas. En aquellos años 80 ya eran muy populares los vinos servidos con helado y algún otro agregado, pero tras aquellos sucesos la fama de esta preparación creció hasta convertirse en una bebida muy reconocida.

Comenzaba el mes de marzo de 1985 y un fuerte terremoto con epicentro en la región de Valparaíso sacudió a toda la nación. Por tal motivo, periodistas de todo el mundo viajaron a cubrir este evento que dejó cientos de muertos y miles de heridos. Cuentan que en un restaurante muy conocido de Santiago, llamado El Hoyo, había varios cronistas extranjeros compartiendo el fin de su jornada laboral y bebieron aquellos tragos. Al levantarse de sus sillas, uno de ellos se sintió mareado y creyendo que había otro terremoto.

El ingrediente indispensable para su preparación es el vino blanco pipeño, o, si no se cuenta con este, algún vino blanco común. Se le agrega helado de agua de piña, granadina y alguna otra bebida alcohólica como fernet, coñac, pisco o ron. Según la cantidad que se beba recibe distinto nombre: si es una jarra grande se le llama cataclismo, un vaso pequeño es un temblor, si se repite un vaso pequeño se le dice réplica y al que lleva vino tinto se lo bautizó como terremoto africano.

Si bien es común hallarlo en casi todos lo bares, fondas y restaurantes de Chile, los sitios más tradicionales donde pueden encontrarse son El Hoyo, Las Puntas, La Piojera y Las Tejas. En cada uno de estos lugares tienen secretos, distintas proporciones e ingredientes que hacen que cada “terremoto” sea particularmente distinto de los demás.